A las polillas del tiempo que pudre y reanima la oscilante memoria humana les da lo mismo si lo que carcomen es un mito o un rotoso soquete sin nombre: el mausoleo colosal del siempre frustrado narcisismo argentino tampoco distingue entre el masón libertador y entreguista que reverencian como Padre de la Patria y el delantero nacido para fascinar a multitudes con su "magia" de gambetas y goles imposibles, y despreciar - como dios que era - secretamente a todos: lo que importa es que fueron únicos, fueron la encarnación del "10" de linaje olímpico capaz de redimir a su pueblo humillado de todas sus deudas, de todas, salvo de una, esa donde arden, cuesta abajo,"la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser" ... [G. A.]
Gustavo Aritto